NIÑOS SELECTIVOS PARA COMER
“Picky eaters”
todo lo que debo saber sobre los niños quisquillosos con la comida
¿Cómo hago para que mi hijo coma lo que le sirvo?
¿Por qué solo le gusta comer un tipo de alimento?
¿Su alimentación es monótona?
Si te haces estas preguntas, es posible que tu hijo sea una persona que cumple con las características de un niño quisquilloso con la comida o “picky eater” (en inglés). Y si es así, no te angusties, en esta nota te diremos qué pasa y cómo lo puedes solucionar y en el mejor de los casos evitar.
En ocasiones los niños desarrollan conductas inadecuadas con los alimentos, que se pueden presentar entre los 18 meses de vida y los 3 a 4 años. Por ejemplo: volverse muy selectivos con los alimentos, preferir un tipo de comida y rechazar cualquier cosa que no sea esa comida en cuestión. En algunos casos esta etapa es pasajera. Sin embargo, puede pasar que esta conducta se prolongue, es decir, se alargue, lo que puede provocar que los niños tengan consecuencias negativas para su salud física y emocional.
Un niño quisquilloso con la comida es aquel que consume una variedad limitada de alimentos, tiene una dieta monótona, con pocos alimentos. Suele rechazar alimentos que tienen las mismas características, por ejemplo: frutas y verduras o carne y pollo.
Lo identificamos por lo siguiente:
- Su alimentación consta principalmente de líquidos (jugos, gaseosas, sopas).
- Cuando se sienta a la mesa a comer, busca hacer otras actividades como jugar, hablar, levantarse, con tal de no comer.
- Cambia la rutina de los padres al tener que prepararle platillos especiales, es decir, diferentes a lo que el resto de la familia come, con tal de que coma algo.
- Empiezan a haber peleas familiares porque “el niño no quiere comer” y el momento de comer en familia se vuelve estresante.
- Come alimentos camuflados (por ejemplo, verduras escondidas entre la carne).
- Se toma mucho tiempo en comer (más de media hora).
Estas conductas conllevan riesgos para su salud porque una dieta limitada puede generar desnutrición en el niño. Y esto no se ve únicamente en un niño de bajo de peso. También puede tratarse de un niño con sobrepeso pero con falta de micronutrientes como vitaminas y minerales que se obtienen de muchos alimentos (frutas y verduras entre ellos).
¿Cómo podemos evitar que se desarrolle esta conducta?
Existen varias acciones que pueden prevenir que se presente, incluso desde antes del embarazo y el nacimiento del niño. A continuación te las decimos:
- Que la madre tenga una alimentación variada antes, durante el embarazo y en la lactancia. O sea, que incluya frutas, verduras, carnes, cereales como arroz, maíz y papa en su alimentación cotidiana.
- Que desde la etapa de la alimentación complementaria, la cual debe iniciar entre los 4 y 6 meses, al niño se le presenten distintos alimentos y se haga una evolución en las texturas. Esto quiere decir, iniciar con líquidos y papillas e ir incluyendo poco a poco alimentos sólidos que el niño pueda comer sin atragantarse.
- Que durante el primer año de vida, los padres implementen patrones saludables de alimentación con el niño, no siendo demasiado estrictos (por ejemplo si no quiere comerse cierto alimento en ese momento) y tampoco demasiado permisivos (dejándolo comer lo que quiera con tal de que coma).
- Que los padres acompañen a los niños en el proceso de conocer nuevos alimentos, ya que los niños aprenden jugando, entonces hay que dejarlos que se ensucien y jueguen con la comida para que se familiaricen con los colores, los olores y las texturas.
Llevar a cabo todas estas acciones puede evitar que ocurran consecuencias indeseables de un picky eater como:
- Menor ingesta de nutrientes.
- Riesgo de constipación (dificultad para hacer deposiciones correctamente) a partir de la falta de fibra presente en frutas y verduras.
- Peleas en la mesa familiar y estrés en los padres.
- Aislamiento del social del niño por miedo a ser señalado como problemático y quisquilloso y recibir comentarios de otras personas como “es que no come nada”.
- Depresión y ansiedad en los padres.
Es importante aclarar que, en algunos casos, el niño tenga que ser evaluado por un psicólogo y un fonoaudiólogo ya que es posible que no sea quisquilloso, sino que tenga una aversión o rechazo sensorial a ciertas texturas, en cuyo caso hay que llevar el tratamiento con el especialista.
Por último, ¿qué hacer si el niño ya desarrolló esta conducta hacia la comida? Aquí algunos tips:
- Exponer al niño a alimentos nuevos, aunque estos no le gusten. La exposición a algo nuevo puede tomar entre 15 y 20 veces para que sea aceptado.
- Involucrarlos en la preparación de las comidas.
- Disminuir las expectativas y el estrés de los padres. Tomar los retos con calma.
- Ejercer refuerzo positivo. Esto se refiere a que felicitemos al niño al acercarse a un alimento y probarlo; no premiándolo con el que le gusta sino diciéndole que lo está haciendo muy bien.
- Llevarlos a la compra de alimentos y darle a escoger qué quiere llevar.
- No decirle que es un quisquilloso ni reforzar el comentario frente a otras personas o compararlo con los niños que sí comen variado.
- No hacerle comidas especiales.
- No utilizar distractores al momento de comer como celulares, tablets o juguetes. Respetar el tiempo de comer en familia.
- Tener paciencia y llevar el proceso con calma, amor y respeto. Es importante no rendirse.
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